Viviendo la Tradición Oral


¿Cómo se busca y se transmite este significado y lenguaje? ¿Cómo es percibido por las personas que participan en una clase de Movimientos? Aquí es donde surge la cuestión de la tradición oral. Es a través de esta tradición que el estudio de los Movimientos ha sido transmitido -y sigue siendo transmitido- en un trabajo conjunto que se encuentra en el momento; activo, vivo, dinámico.

Gurdjieff escribió muy poco acerca de los Movimientos, y se auto-denominó simplemente como “Maestro de Danza”. ¿Cómo pueden los Movimientos continuar vivos como vehículo de su enseñanza cuando el Maestro ya no está aquí?

La forma en que Gurdjieff impartía los Movimientos a los alumnos ha sido descrito muchas veces: era su visión, la demanda que hacía, su ser, su presencia, lo que se recordaba y lo que dejaba huella en sus alumnos.

Afortunadamente para todos nosotros, unos pocos anotaron la forma de las Danzas que enseñó, pero nada de lo que fue escrito sobre el papel logra transmitir el significado y el lenguaje al que Madame de Salzmann hace alusión. Es sólo dentro de una clase real, con personas vivas, con alguien al frente que sirve como guía -el instructor- y con un músico al piano o la música específica de las Danzas, que un Movimiento cobra vida.

La tarea de mantener vivo este trabajo ha pasado de persona a persona, directamente, en el cuerpo, en tiempo real, en el espacio, en la acción, en el silencio, bajo condiciones muy especiales.

Muchos elementos contribuyen a las condiciones especiales de una clase de Movimientos. La demanda central es la búsqueda de la presencia en cada persona. Es un esfuerzo interno que puede abrir el cuerpo, la mente y el sentimiento a una nueva clase de visión. La relación clave es la que existe entre el instructor, la clase y el pianista o la música; un triángulo en movimiento: los tres son cruciales para el estudio de un Movimiento. Esa relación depende de la preparación, la adaptación, la escucha, la atención, la visión, la intensidad de pensamiento, sensación y seguimiento. Cuando cada parte de este triángulo se implica, aparece un interés que se abre a un nuevo nivel de sentimiento.

El primer elemento del triángulo es la clase. Todos los que pasan por la puerta de la Sala de Movimientos pueden dejar fuera todas las preocupaciones de la vida exterior, y entrar en un ambiente tranquilo de preparación. Aquí, dentro de cada uno de nosotros, se puede oír la llamada a una atención más completa a lo que está sucediendo en cada momento. Ésta es una estancia en la que las ideas de la enseñanza de Gurdjieff pueden ser vividas en realidad. Aquí nos encontramos, conscientemente, con nuestra falta de atención, la falta de relación entre nuestros centros, nuestra torpeza, nuestra incapacidad para escuchar, nuestra falta de consciencia de las otras personas, la pesadez de nuestro pensamiento, y muchas otras impresiones que resultan de nuestros esfuerzos por participar en un Movimiento o ejercicio.

Se trata de un laboratorio y, apoyado por estas condiciones, cada uno puede verificar su situación interna e intentar seguir su movimiento constante. Satisfacer lo que se nos pide, descubrir lo que es estar en posiciones desconocidas y sentirlas en el cuerpo, y comprender la forma del Movimiento, aporta la necesidad de la participación de la mente para preparar, asistir, mantener la intención momento a momento. Podemos sentir que la mente debe ser más activa, y la toma de consciencia en el cuerpo más profunda. Cuando esto se siente y se vive verdaderamente, aparece una nueva dimensión que aporta una cierta cualidad de alegría. No se trata de hacer los Movimientos, sino de mantenerse al tanto de lo que está ocurriendo. ¿Cómo se adopta una posición? ¿De dónde viene? ¿Qué ocurre en entre una posición y la siguiente? ¿Puede haber un enlace en nuestros movimientos? ¿Podemos saborear lo que es estar verdaderamente en movimiento? Estas preguntas, como impresiones de vida, nos abren al deseo de estar presentes en el movimiento de nuestras vidas. Al salir por la puerta al final de la clase, tenemos la oportunidad de sentir nuestro estado, de reconocer que no va a durar, y de darnos cuenta de lo que recibimos y lo que dimos en la clase.

Para el instructor, el segundo elemento del triángulo, la demanda se da a múltiples niveles. Debe prepararse con todo el conocimiento adquirido durante años de trabajo en las clases, redescubriendo cuestiones de cualidad, tiempo, ritmo, exactitud en las posiciones, y el propósito de trabajar con un determinado Movimiento. Cada clase es un nuevo estudio, una nueva demanda. La manera en que el instructor está frente a la clase, influye en la manera cómo las personas de la clase se mueven y se ven a sí mismas. El instructor debe intentar, al mismo tiempo, de estar en contacto consigo mismo, mostrar el movimiento, ver la clase como un todo y a cada individuo dentro de ella sin juicios, ir un poco por delante de todos y comunicar interés y búsqueda. Su tarea es invitar a la clase a experimentar la sensación de cada gesto. Las palabras ayudan cuando son necesarias, pero lo esencial es la forma en que se mueve y está.

El tercer elemento de este triángulo dinámico es la música y/o el músico. Después de haber entrado en la habitación con todos los demás, se encuentra en la misma atmósfera de estudio, solo al piano pero no solo, porque la música que toca conecta a todos. El pianista debe haber ensayado la música o estar preparado para improvisar un ejercicio que podría pedir diferentes cualidades de tono, ritmo, tempo y modalidad. Debe atender a las direcciones del instructor y relacionarse con lo que se le pide, y al mismo tiempo, mientras toca, observar la clase, sensible y atento a lo que sea necesario. Debe descubrir si la música está contribuyendo o entorpeciendo el desarrollo de un Movimiento, si corresponde a la velocidad y la cualidad necesaria, y si ayuda a aportar una cierta relajación que puede abrir la clase a otra clase de visión. A través de lo que toca, la cualidad de presencia del músico es sentida por todos. Las vibraciones de la música van directamente a los cuerpos y a los corazones de las personas de la clase, influyendo en sus estados y procesos internos.

La relación entre el instructor, el pianista y la clase, como una expresión tríadica de la tradición oral, crea una nueva condición en la que la Danza Sagrada en sí misma puede aparecer. Esta relación comunica a la búsqueda que comprenda lo que Gurdjieff nos dejó en este aspecto de su enseñanza multifacética. En este trabajo conjunto puede revelarse el lenguaje y el significado de una Danza Sagrada, y puede despertar la cuestión fundamental que llamó a cada uno de nosotros a la enseñanza de Gurdjieff: la cuestión del sentido de nuestra existencia, de cómo estar en el movimiento de la vida de una manera que esté abierta a una inteligencia superior, a una fuerza sagrada.